El Asesino en la Sierra
Se había escondido en el espinazo de la sierra, donde los nombres no importaban. Su choza lo ocultaba de los hombres, pero no de la tormenta de sus recuerdos. Compartía el escondite y las culpas y la carne de venado solo con su mujer.
Una tarde llegaron dos viajeros. Siguiendo la costumbre de la sierra les dieron pinole y café, y les indicaron que podían dormir en el cuartito de los tiliches.
El alba descubrió la choza de madera con la fría marca de la sangre y dos cuerpos despojados de sus culpas; los remordimientos habían ganado la carrera.

La Dríada
En la humedad de los helechos dormía una Dríada. Estaba unida a un roble y sentía y amaba a su pulso. Poseía gran belleza, con fulgores violetas y verde aguacate en los ojillos rasgados. Aquél otoño su piel estaba tornándose rojiza, y luego sería alba, y luego verde salvaje…
Sintió súbitamente un crujido en las entrañas y vio a derribar su roble, caer por el abrazo del bosque desamparado.
Sobrevivió apenas, aferrada a tres heliotropos compasivos, y se obligó a odiar…
Al final la foresta se lamentaba rigurosa cada noche la corrupción de la delicada dama de párpados de corteza.

El Proyecto por Endrass
El joven volvió a analizar el que, durante las próximas mil elipses, sería su proyecto. !Al fin un planeta para él solo!. Por supuesto se trataba de un C-4, no se podía esperar otra cosa tras su rendimiento en el período de formación. !Si tan sólo hubiera evitado en la última prueba el ocaso de su civilización durante un par de ciclos más…! Nada podía hacer ahora al respecto. Como le había comunicado su mentor, ahora tenía una oportunidad real de redimirse y aspirar a un puesto entre ellos.
Al menos, su tarea estaba bastante clara… Utilizar factores de séptimo nivel y conseguir un resultado en el período propuesto. !Séptimo nivel!. De todas formas, iba a demostrarles de lo que era capaz. !El mismo solicitaría su reclasificación a constructor si no conseguía hacer estallar el planeta en la mitad del período propuesto!.

El Final por Miguel Paz
Caminé como un loco envuelto en mis tinieblas mentales y los sentidos aguzados en el desarrollo brutal de mi instinto de conservación, pero todo fué inútil, él me esperaba en un recodo, de los muchos que nos regala la vida, y con un simple soplo a mi rostro, hipercargado de bacterias y virus vengadores, me aplicó el golpe mortal y en mi último suspiro comprendí que la vida era un sueño y que la muerte era el despertar, me revolví en mi cama y tirando a un lado mi frazada me levanté de un tirón, con legañas en los ojos y mucho orín en mi vejiga un suspiro profundo puso punto final a mi pesadilla fúnebre.
